Muffins de arandanos

 

Vamos a dejar las cosas en claro. No, gente, los muffins no son una forma cool y hipster de llamar a las magdalenas. Ni una forma rebelde de no caer en la moda de los cupcakes. Los muffins, las magdalenas y los cupcakes tienen alguna que otra similitud, pero son distintos y varían los ingredientes que se utilizan. Cada cosa por su nombre…

Las famosas magdalenas de Prust son francesas, dulces y suelen tener gusto a limón, aunque después en algunos lugares las vayan modificando. Son esponjosas, a diferencia de los muffins, que son tan ingleses como Elizabeth, y que se baten poco, lo que hace que la masa sea más compacta. Los muffins son los únicos que al parecer también pueden ser salados, como demuestro con mis muffins de atún (cuya receta ya compartiré). El cupcake es un invento estadounidense, y como digno yanqui es empalagoso y estrafalario. En forma quizás sea más similar al honguito del muffin, pero la diferencia básica es que se suele rellenar con cosas muuuuy dulces y cubrir con cremas más dulces aún, y encima de todo decorar con chirimbolos coloridos. O sea… Cupcake, más gay no podías ser, ¿no?

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Tostadas francesas: el brunch del momento

Habrán escuchado mil veces en películas y series estadounidenses hablar de las famosas french toasts, ¿no? Sí, entre el bacon, los huevos fritos o revueltos y los bowls de cereales, los yanquis desayunan como reyes,  así debe ser. Aunque bueno, con un poco de grasa, eso sí.

En general acá en Argentina estamos acostumbrados a desayunar de manera veloz y más exprés. Café, té, o el clásico mate, quizás unas tostadas con queso, mermelada y dulce de leche, y los más variados agregan yogur y cereales, pero son los menos, seamos sinceros. Siempre están todos apurados para ir al colegio, a la universidad o al trabajo, y muchos ni siquiera desayunan, ¡dementes! No concibo no desayunar, primero porque muero de hambre todo el día, y después porque no es nada saludable, y Raquel Frambuesa me puede llegar a poner de vuelta y media. Pero lo cierto es que mis desayunos suelen ser aburridos y poco variados.

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Arroz a la griega (Opa!)

Me encantan las cosas que son “a la”… porque implican básicamente que son similares a algo, o que tiene un dejo de tal cosa, o que recuerdan un olor, un sabor, una cultura… En este caso esta receta se llama “arroz a la griega” porque así la conocí. Pero más que el Opa! que pronuncio cuando estoy a punto de comerlo, dudo que tenga alguna reminiscencia de esa antigua cultura, o de múltiples dioses o de poetisas de la isla de Lesbos…
Quise agasajar una noche a mi amiguita @gigi_vet para luego ver una peli (¿qué bodrio fue en esta ocasión? ¿The Vow? No estuvo tan mal… al menos estaba Rachel McAdams), y como ella no es remilgona con el tema de la comida, le dije: ¡Arroz a la griega será! ¡Y fue! ¡Opa!
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Crumble de manzana, creo que hablo por todas cuando digo “yummy”

Me han dicho que siempre cocino todo con manzana. Podría decir que no es cierto, pero esa acusación tampoco estuvo tan errada. Aunque no soy de comer manzana sola (me re molesta pelar frutas), me encanta cómo queda en las preparaciones. Ok, lo acepto, por acá verán muchas recetas con manzana, casi tantas que tendré que considerar cambiar el nombre del blog a “Delicias del Eden”. ¿Qué quieren que les diga? Yo no hubiese dudado un minuto si Eva me ofrecía la manzana…

En fin… hoy voy a agarrar unas riquísimas manzanas verdes (las prefiero) y voy a probar hacer el famoso Crumble de Manzana, a pedido de @Basfita. Aún ella no lo ha probado, pero se lo prometí, así que primero practico, ¿no les parece? Raquel Frambuesa y yo somos muy clásicas. Si voy a hacer algo, voy a hacerlo como el original. Nada de amoldar la receta a los gustos locales, ni agregarle otros ingredientes que no son los que lleva la receta, que es más británica que la reina Isabel. “Crumble” se traduce como ‘desmigar’ o ‘desmenuzar’, que es precisamente lo que se hace con la masa para esta preparación. Abajo se le puede poner lo que quieran (desde otras frutas, a ingredientes salados), pero yo voy a ir con el típico crumble que tanto degustan los ingleses como postre. A ver, Raquel, ¿qué necesito?

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¿Pasteleamos?

 

Si hay algo a lo que siempre le escapé de pequeña fue a la cocina. Bueno, a la cocina, a la plancha, a la escoba y la palita, a la jardinería y a aprender a tejer. Digamos que todas esas labores que se trasmiten de abuela a madre y de madre a hija y que yo decidí cortar por lo sano ni bien tuve uso de razón. Todo eso que se consideraba “femenino”, todo aquello que se suponía que debía estar haciendo en vez de treparme a los árboles, jugar a la pelota y convertirme en una expedicionaria del barrio que me vio crecer, me repelía. Sí, gracias, sociedad. Gracias, medios de comunicación. Gracias, religión, educación y lazos familiares por querer perpetuar usos y costumbres correspondientes a mi género.
Obvio me negué a todo esto. Qué tonta. Resignificar es la cuestión ahora que ya soy mayorcita y no da andar trepándome al árbol del vecino. Sí, resignificar eso que alguna vez me dijeron que “es de nena”. No, el tejido no me llama, pero quién te dice… Y sí, si descubrí la jardinería, por qué quizás tejerme la bufanda de Griffindor que siempre quise no puede ser algo que me termine por gustar (¡quizás porque ya te la tejió tu abuela!).
Así me pasó con la cocina. Sí, ya de grande descubrí que hornear, pelar y picar, y luego llevarme a la boca algo creado por mí misma me da un inmenso placer. No soy especialista en gastronomía ni mucho menos. De hecho, soy bastante torpe cuando agarro el cuchillo y manipulo las ollas, pero disfruto mucho de la preparación. Y más disfruto del resultado.
Suelo olvidar las proporciones y los ingredientes y por eso tengo que anotar todo lo que llevo a cabo en la cocina, porque sino después me olvido y mi alter extra obsesivo (a quien vamos a llamar de ahora en más Raquel Frambuesa) quiere que todo sepa igual que cuando lo hice por primera vez, que no haya ni una pizca de pimienta de más. Pero ¿cómo hacerle entender que muchas veces esa es la magia de la cocina? ¡Imposible! Por eso en vez de andar anotando en papeles sueltos medidas y minutos de cocción, pensé mejor en dejar salir a jugar a Raquel, que para esto es buena, y crear este blog. Quizás tengo la suerte de que alguien me tire un dato, un consejo o, tal vez, alguien aburrido que navega por la web tiene ganas de probar alguna de estas pócimas que de secretas no tienen nada. Así que… ¿qué más da?
No sé ustedes, pero yo me voy a pastelear con Raquel Frambuesa, que con ella siempre termino comiendo rico.
By @Debora_Dora